miércoles, 4 de marzo de 2009

Retorno a los 16 bits


La época de los 16 bits es casi una era de leyenda en el mundo de los videojuegos. Muchos crecimos con las tardes en los recreativos , las hand-helds de Nintendo y los ordenadores de 8 bits pero hasta que los 16 bits entraron en escena no tuvimos la sensación de poseer una auténtica máquina recreativa en casa, un aparato hecho para proporcionar diversión infinita.

Para mas inri mi llegada al mundo de las consolas de videojuegos fue de la mano de la Sega Megadrive que a partir de 1992 en nuestro país se habría de ver las caras con ese animal lúdico llamado Super Nintendo, el Cerebro de la Bestia que tambien acabaría cayendo en mis manos.

Durante mas de 4 años estas consolas fueron lo máximo para mí. Tardes inolvidables de vicio con los colegas dándole al primer Fifa, la sensación de maravilla al pasarme por primera vez el Sonic 2 o la experiencia de transportarme al maravilloso e inhóspito planeta Zebes en Super Metroid forjaron en mí el jugón que aún soy sobre todo gracias a esas dos maravillosas máquinas.

Durante años me proporcionaron diversión a raudales pero como todos los aparatos electrónicos empezaron a dar problemas. Primero fueron los cables de antena y mas tarde los adaptadores de corriente hicieron imposible su utilidad y quedaron a buen recaudo en el maletero de casa.

Con el paso de los años aparecían emuladores de todo tipo y aunque juegan un papel fundamental en la conservación del legado retro, la experiencia no se puede igualar con el hecho de jugar en la máquina original.

Poco a poco me fuí metiendo en el maravilloso mundo de la compra-venta de 2ª mano y acabaron cayendo en mis manos el euroconector de Game Cube (compatible con la Super Nintendo), un adaptador de corriente nuevo y un cable de audio/video para Megadrive que han llevado de nuevo a estas potentes máquinas a mi salón de juego. Ambas conectadas a un Lcd de 17 pulgadas formato 4:3 ofrecen la mayor calidad para la que se crearon 17 años mas tarde.

Y es que a día de hoy están viviendo una segunda juventud. Ya tengo en mis manos 28 títulos de Super Nintendo y 26 de Megadrive y las listas van creciendo a un nivel desorbitado. Los primeros títulos con los que te haces son aquellos que añoras de tu adolescencia tanto porque los tuviste como porque los deseaste y por la precaria economía de entonces no pudiste poseer.

El siguiente paso es tirar de internet y recuperar las revistas de la época y estudiártelas como antaño tratando de encontrar nuevas joyas que añadir a tu colección. Y no se por qué pero cada vez que insertas uno de estos maravillosos cartuchos en su máquina correspondiente la sensación de maravilla que se experimenta no la suplen juegos actuales por muy superproducciones que sean. De hecho a día de hoy juego mucho mas a mis dos consolas de 16 bits que a mi 360 ó Ps3.

Eso no quiere decir que lo retro esté reñido con lo actual, de hecho si se aman los videojuegos como yo los amo siempre se disfruta al máximo de una buena obra ya sea un Super Metroid o un Street Fighter II como un Metal Gear Solid, un Shadow of the Colossus o un Gears of War.

Ultimamente existe una discusión bastante pronunciada en blogs y webs del videojuego en torno al retro con posiciones enfrentadas. Mi humilde opinión es que como en cualquier faceta de la vida debes conocer las raíces de cada medio de expresión, arte o como se quiera llamar para entender su presente y construir su futuro. Para crear cultura hay que tener raíces fuertes y saber de dónde se viene y adonde se quiere llegar.

Desde mi punto de vista entender las consolas actuales obviando épocas anteriores es una visión limitada, incompleta e inexacta. Disfrutar de una partida al Tehkan World Cup o al Flashback y a continuación echarte un cooperativo online al Halo 3 con un buen amigo no es algo simplemente recomendable: si te gusta esto de los videojuegos es algo OBLIGADO.

No hay comentarios: