miércoles, 28 de octubre de 2009

Canon: racing games (IV)

Con esta entrega daré fin a mi canon personal de juegos de conducción. Con las tres entregas anteriores y esta que estáis leyendo he pretendido dar un buen puñado de razones para sentarse frente a un videojuego de este género con la firme convicción de que vais a pasar un buen rato con ello. Como ya he dicho anteriormente no trato de academizar ni de imponer criterio sino de ofrecer una visión particular de la experiencia vivida por un servidor a lo largo de muchos años y muchas horas al volante de las máquinas de mis sueños.

Espero que os sirva de ayuda y de gozo. Adelante pues con el sprint final:

Perspectiva aérea/isométrica:

El mejor: 3 D Stock Car Championship (Spectrum):



Es difícil hoy en día hacer entender a los neófitos del videojuego que hace mas de 20 años con cuatro píxeles -muy bien puestos, eso sí- un sonido de pedorreta mala y mucha imaginación se podían crear obras imperecederas que nos aportarían infinidad de horas de diversión.

Este es el caso del juego que nos ocupa. Los que nacimos en la década de los 70 sabemos muy bien lo que era disfrutar de nuestros ordenadores de 8 bits tras interminables minutos de carga del programa de turno. Minutos en los que uno pasaba el tiempo saboreando cada matiz de cada dibujo de la carátula o de la pantalla de carga imaginando mundos que se contenían en un espacio de memoria ínfimo y un espacio imaginativo inabarcable.

Si juzgamos a 3 D Stock Car Championship de una manera superficial veremos un conjunto de formas esquemáticas que pretenden con menos de 10 colores reproducir unas carreras de coches ubicadas en unos cuantos circuitos que ocupan una pantalla. Pero si le dedicamos tiempo y nos trasladamos al año 1988 tendremos que concluir que los señores de Firebird Software nos regalaron una experiencia lúdica extraordinaria. Cuatro coches a elegir que permiten el juego simultáneo de otros tantos jugadores, 24 circuitos con sus correspondientes periodos de clasificación y carrera y un control exquisito que exige tiempo y esfuerzo ante cada derrape, cada curva por la inercia de los coches, hacen de este un videojuego brillante en cada uno de sus matices y detalles, nos regala gracias a lo atemporal de estas figuras abstractas -como en el caso de Pacman- una experiencia plenamente satisfactoria incluso en la actualidad.

Solo las creaciones de algunos maestros actuales de juegos en formato flash, que rescatan esta forma de entender el medio, hacen que hoy podamos entender que un videojuego es mucho más que apariencia gráfica, banda sonora en formato digital y guión de cine hollywoodiense venido a menos. El videojuego tiene un lenguaje propio y solo viendo cómo con la mayor limitación es posible la máxima expresión podemos caminar por ese largo y tortuoso camino que desemboca en lo que llamamos arte.

Menciones especiales: Micromachines (Megadrive) y Super Off-Road (Super Nintendo):

En 1993 Codemasters consigue la licencia de la juguetera Hasbro para llevar a los circuitos de la 16 bits de Sega las carreras de estos vehículos en miniatura. Los diferentes tipos de vehículo unidos a unos escenarios/circuitos de lo mas curioso -desde carreras de lanchas en la bañera de casa a competiciones en una mesa de desayuno llena de cereales esparcidos a modo de circuito improvisado, hicieron de esta franquicia uno de los exponentes más originales y divertidos en la Historia de los racing-games.

Por otro lado un año antes, en el olímpico 1992, Tradewest editaba la versión más vistosa y completa hasta el momento de la saga Off-Road para la Super Nintendo. La posibilidad de mejorar las máquinas comprando accesorios y la multitud de competiciones y circuitos hicieron de este juego una apuesta segura por la diversión al volante de estos mounstruos de enormes ruedas. Solo un control excesivamente exigente le aleja de los primeros puestos en esta categoría.

Otros:

El mejor: Grand Theft Auto IV (Xbox 360):



La saga GTA ha estado ligada desde sus inicios a la conducción de vehículos como intermediario o interfaz para gestionar buena parte de las misiones que componen su contenido jugable. Pero hasta la llegada de la actual generación de consolas, los señores de Rockstar no se habían tomado el tema de la conducción tan en serio.

Es un auténtico placer conducir cada uno de los coches que podrás encontrar en Liberty City y un auténtico reto hacerte con el control de ellos en las múltiples persecuciones que tendremos que vivir por sus calles, hasta tal punto que tras infinidad de horas de juego podrás sentir cada uno de estos vehículos como una prolongación del control pad.

Obviamente no estamos ante un racing-game al uso, de hecho ni siquiera es un racing-game, pero el mimo que se ha puesto en la simulación de estas máquinas hace que el más ferviente admirador de este género no pueda resistir el pasarse unas cuantas horas dentro de lo que es un videojuego mayúsculo en su concepción, inabarcable en su contenido, incatalogable por lo ilimitado de su oferta.

Menciones especiales: Stuntman (Playstation 2) y Downhill Domination (Playstation 2):

Me temo que algunos echaréis en falta a Driver en esta categoría. Siento defraudaros pero no hay un solo juego de esta saga que me motive especialmente. En cambio hay un juego que está realizado por el mismo equipo de programación de Atari y que me parece sobresaliente en concepto y notable en ejecución. En Stuntman tomas el papel de un especialista de cine en escenas de conducción al que le encargan cada vez trucos mas complejos y maniobras al límite de lo posible a lo largo de seis películas. Este concepto original y divertido como pocos -además de espectacular- viene acompañado de un control de los vehículos hiperrealista. Tan realista que no ofrece posibilidad alguna del más mínimo error, lo que desemboca en muchos casos en frustración y abandono. Eso sí, con paciencia y ganas de superar un reto titánico, este juego puede ofrecerte momentos de auténtico gozo a los mandos de tu dualshock. Solo se le puede censurar lo caótico de las órdenes en escena que provoca en numerosas ocasiones el error por desorientación más que por falta de pericia.

La elección para el tercer puesto del podio ha ido a parar a un título de Codemasters que se ha ganado el puesto por lo desenfrenado de su propuesta y lo sólido de su puesta en escena. Sin ser un título de relumbrón ni pertenecer a una saga con solera, ha sido tratado con mimo y buen hacer por parte de sus programadores ofreciendo un motor gráfico sólido y una respuesta de los vehículos -bicicletas en este caso- ante el entorno francamente acertada. El control es puro arcade enormemente condescendiente con la ineptitud del jugador ante los mandos. Utiliza el tópico de fácil de controlar pero difícil de dominar. Y desde luego lo mejor de este título es la descarga de adrenalina que supone el lanzarte por una montaña en plan kamikaze a lomos de una frágil bicicleta sorteando piedras, atravesando ríos y saltando a través de los más asombrosos y coloridos precipicios con la absoluta certeza de que es todo lo que deseas hacer en los siguientes cinco minutos.

Aquí finaliza el canon de juegos de conducción pero me gustaría invitaros a participar aportando los vuestros. Muchos grandes exponentes del género han quedado fuera por diversos motivos y es un buen momento para que vosotros destaquéis aquellos que os han tocado de forma más especial la fibra sensible.

A ello os emplazo y no me queda más que despedirme hasta el próximo post. ¡Nos leemos!

3 comentarios:

Raúl Carrasco dijo...

Tu forma de describir lo que en su momento era jugar al Spectrum me parece sencillamente brillante, y no puedo estar más de acuerdo contigo y con las sensaciones que transmite tu texto (sensaciones de la infancia que has logrado traer de nuevo a mi recuerdo):

"Es difícil hoy en día hacer entender a los neófitos del videojuego que hace mas de 20 años con cuatro píxeles -muy bien puestos, eso sí- un sonido de pedorreta mala y mucha imaginación se podían crear obras imperecederas que nos aportarían infinidad de horas de diversión.

Este es el caso del juego que nos ocupa. Los que nacimos en la década de los 70 sabemos muy bien lo que era disfrutar de nuestros ordenadores de 8 bits tras interminables minutos de carga del programa de turno. Minutos en los que uno pasaba el tiempo saboreando cada matiz de cada dibujo de la carátula o de la pantalla de carga imaginando mundos que se contenían en un espacio de memoria ínfimo y un espacio imaginativo inabarcable."

Respecto al resto, me encantaba el Super Off-Road, aunque yo he conocido y jugado la versión de la NES.

Holdy dijo...

Gracias Raúl, me alegra que te haya tocado la fibra. Por cierto, gracias también por tus palabras en tu blog.

WaaghMan dijo...

La verdad es que este tipo de juegos me encantan, y últimamente salen muy pocos del estilo. El único del que tengo constancia es el Little Racers para Xbox Indie games. Había uno de rallyes que podría encajar en esta categoría, el Power Drive, que era buenísimo también.