sábado, 31 de octubre de 2009

Streets of Rage II vs. Final Fight CD: los mejores brawler en 16 bits

El brawler es un género basado, básicamente, en dar hostias como panes a todo lo que se mueva. Y es que eso de descargar adrenalina a golpe de pulsar botones es una forma sana de desatar nuestras más bajas pasiones.


Eso es en lo que se basa la maravilla de los videojuegos, uno puede hacer cosas políticamente incorrectas en el mundo real sin hacer daño a nadie. Por supuesto es algo que no es entendido por todo el mundo y ponen en demasiado número de ocasiones a nuestra afición contra las cuerdas del vilipendio social más caústico y descerebrado.

Salvando esta pequeña demanda de respeto a lo que no deja de ser un puro entretenimiento quiero abordar en esta ocasión un género que siempre ha sido disfrutado por muchos pero que tuvo como época de mayor auge a finales de los 80 y comienzos de los 90 tanto en salones recreativos como en consolas y ordenadores de 8 y 16 bits.

En la comparativa enfrentaré a los que, a mi criterio, son los mejores exponentes del género en 16 bits en consola, curiosamente ambos en máquinas de Sega a pesar de los títulos sobresalientes que se pueden disfrutar tanto en Super Nintendo como en Turbografx o en Neo Geo, desde el Batman Returns o el Turtles IV de la primera al Vigilante en la segunda o los Sengoku en la máquina de SNK.


En 1992 nace la secuela de uno de los títulos más emblemáticos de Megadrive. Streets of Rage II vino a presentar respuesta a ese mounstruo de 16 megas llamado Street Fighter II World Warrior aparecido para Super Nintendo en el mismo año. En este caso no era un título de lucha one on one sino el clásico brawler que bebía de diversas fuentes, desde los Double Dragon a la más directa de Final Fight.

Pero donde el título de Sega marca la diferencia es a la hora de hacer propio lo ya existente y aportar novedades y mejoras de su cosecha que enriquecieron el género de forma muy destacable. El título nos enfrenta a ocho largas fases con el final boss de rigor al terminar cada una de ellas. Para ello contamos con la posibilidad de elegir entre 4 personajes que pueden enfrentarse al reto tanto en modo 1 jugador como en partida cooperativa.

El apartado gráfico fue una sorpresa en el año de aparición ya que mostraba unos sprites enormes, fondos muy coloristas y tan variados como poco originales y múltiples planos de scroll que hacían que el juego luciera francamente bien.

A nivel musical este juego posee una banda sonora con nombre propio: el de un Yuzo Koshiro en su mejor momento de gloria, tras regalarnos piezas inolvidables en Revenge of Shinobi o en el primer Streets of Rage volvía a esta saga para entregarnos unas melodías que se han convertido en clásicas desde el mismo momento de su concepción.




En el apartado jugable resulta un título bastante asequible para los cánones de la época –se nota que no nació para ser jugado en un salón recreativo-, aunque al ofrecernos cuatro niveles de dificultad hay reto para todos los gustos. Al clásico botón de puñetazo y otro de salto se añadió un nuevo botón para hacer un combo especial y se implementaron combinaciones de movimientos para hacer golpes más contundentes, ideales para maniobras evasivas. Las presas o agarres también ofrecían la oportunidad de cambiar de lado del enemigo que tenías agarrado para facilitar el acceso a nuevos rivales, todo implementado de forma sencilla e intuitiva. Por último, además de la aventura principal, tenía un nuevo modo de juego llamado Duel para dos jugadores que permitía enfrentarse en combates uno contra uno.


Por otro lado hablar de Final Fight es hablar de la excelencia en los videojuegos en 2-D. La mejor Capcom de todos los tiempos creaba para recreativa allá por 1989 un juego que en un principio iba a ser la secuela del primer Street Fighter para finalmente adoptar su nombre definitivo. Tres personajes elegibles, sprites enormes y muy detallados y una banda sonora muy adecuada hacían que las monedas de cinco duros cayeran como locas tras la ranura anaranjada de insert coin.

Con la salida de Super Nintendo, Capcom se encargó de trasladar este título a la nueva máquina de una forma algo desacertada. Un personaje elegible menos, la desaparición una de las fases y del modo cooperativo hicieron que esta versión capada no tuviera el éxito que merecía.

No fue hasta 1993 que pudimos disfrutar de una versión doméstica a la altura del título original y todo ello gracias a un soporte como el CD-Rom que permitía muchísima más capacidad de memoria que un cartucho unido al buen hacer en la reprogramación del juego realizada, en este caso, por Sega.

Final Fight CD nos pone en la piel de los tres protagonistas originales –Cody, Haggar y Guy- a lo largo de 6 fases largas y variadas además de alguna de bonus - oh my car!- con la mejor versión de las músicas originales esta vez ejecutadas en formato digital. Oir por primera vez la voz de los protagonistas del juego en la mejorada intro hace que se nos pongan los pelos de punta de pura nostalgia.

Gráficamente este Final Fight ofrece unos sprites un poco más grandes y mejor animados que los de Streets of Rage II pero con unos fondos menos detallados y coloristas.

La banda sonora luce de lujo y muy apropiada en esta versión en Cd aunque no llega a la exquisitez del plantel de melodías del título de Sega. Eso sí, acostumbrados a unas digitalizaciones de voz enlatadas en los juegos de cartucho, oir estas voces, golpes y demás sonidos con la claridad y contundencia que ofrecía el nuevo formato fue todo un hito en su momento.

A nivel jugable el título es puro arcade, puro reto, difícil pero no desesperante, invita a seguir probando una y otra vez hasta terminarlo. Eso sí, sudaréis sangre para lograr finalizar este título con tan solo tres continues incluso en el nivel más fácil – de los cuatro que posee esta versión- al menos hasta que aprendáis a manejar las rutinas de ataque/defensa, tanto propias como de los rivales, de forma adecuada. El manejo de los personajes es muy adecuado pero no tiene tanta variedad de golpes como el Streets of Rage II. Esta versión de Mega CD nos regaló, aparte de la aventura principal, el típico time attack en el que debes enfrentarte a un número bastante amplio de enemigos en un tiempo límite, en tres escenarios totalmente inéditos y apropiados a la estética de la saga.

Como conclusión tengo que deciros que a pesar de las cientos de veces que me he enfrentado a estos dos mounstruos del beat´em up, a día de hoy sigo sin tener un claro favorito. Ambos son perfectamente rejugables, divertidos y apasionantes. Son dos obras atemporales destinadas a hacernos pasar muy buenos momentos tanto a los que los jugamos en su época como a los que se enfrenten a ellos en la actualidad. Es, en definitiva, labor vuestra juzgar cual es mejor según vuestro criterio. Lo único que me queda deciros al respecto es que los juguéis con pasión y respeto. Ya no se hacen juegos así.

2 comentarios:

JM dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
JM dijo...

La verdad es que poco se puede añadir porque has descrito perfectamente lo que suponía tener estos títulos entre las manos.

Me ha traído muy buenos recuerdos porque el Streets Of Rage, tanto el 1 como el 2 eran de mis juegos favoritos para MegaDrive y me han venido a la cabeza los buenos momentos que mi hermano y yo pasabamos dando mamporros a ritmo de unas melodías excepcionales.

El Final Fight, tuve la versión de Super Nintendo primero y como bien dices, decepcionó un poco. Hicieron una versión descafeinada que cojeaba por todos lados, pero bueno tener un Final Fight en casa merecía la pena. Más tarde pasé a tener la versión de MegaCD y esto ya era otra cosa, esto SI que era tener el Final Fight de la recreativa en casa. Era genial.

Realmente no sabría decidirme por uno de los dos...