sábado, 10 de abril de 2010

Dragon Age Origins: tras la Puerta de Baldur


Lejos quedó aquella vieja idea de que los mundos habitados por elfos, enanos, hobbits, ogros y otras especies fantásticas surgidas de la mente de algún genio eran espacios únicamente reservados a la imaginación de los chavales. Autores como George R.R. Martin y su Canción de Hielo y Fuego, Steven Erikson con sus Crónicas de Malaz, Andrzej Sapkowski y su Geralt de Rivia o el mítico Tolkien con El Señor de los Anillos maduraron y redefinieron el concepto de fantasía heroica, adaptándolo a la exigente mentalidad adulta. Así, las batallas y escaramuzas que se libraban en estos mundos inexistentes resultaban a menudo encarnizadas, crueles y sangrientas, la magia podía llegar a ser salvaje y traicionera, la diferencia entre el Bien y Mal ya no era tan clara -lo que acababa reflejándose en complejos dilemas morales que debían afrontar los protagonistas-, y los giros argumentales que se daban en las historias podían terminar suponiendo, sin mayor problema, la muerte de alguno de sus héroes.

En el terreno del videojuego, estas historias han estado tradicionalmente ligadas al rol -del cual podemos distinguir dos vertientes muy diferentes, como ya comenté en su día-, lo que ha permitido que los aficionados a este género hayamos podido disfrutar de joyas como Final Fantasy -cuyo concepto que mezcla ciencia ficción con fantasía heroica encandiló a millones de fans-, Lost Odissey, Fable, The Legend of Zelda, Landstalkers, Dragon Quest, Morrowind o Baldur's Gate, por citar solo unos pocos. Este último, Baldur's Gate, fue la primera propuesta de la veterana compañía Bioware en el género de la fantasía heróica, y dicen quienes lo han probado que su segunda parte es uno de los mejores juegos de rol de todos los tiempos. Una asignatura pendiente en mi caso que espero poder subsanar algún día.

En todo caso, y sin querer desviarme del tema principal que nos ocupa, desde Baldur's Gate -literalmente La Puerta de Baldur- ha llovido bastante -más de 10 años, nada menos-, por lo que cuando Bioware anunció la salida de Dragon Age: Origins como el heredero espiritual de Baldur's Gate, el anuncio llegó con emoción y recelo a partes iguales a oídos de los aficionados. Al fin y al cabo, y a pesar del excelente historial de la compañía cuyo nivel de calidad de cada una de sus producciones resulta admirable y extraordinaria, esperar una nueva joya a la altura de la original después de habernos brindado de forma seguida -"in a row", que diría un anglosajón- juegos tan brillantes como Caballeros de la Antigua República, Jade Empire o Mass Effect resultaba, como mínimo, pretencioso. Tarde o temprano uno acaba flaqueando y bajando el nivel...

O no.

Dragon Age Origins es la enésima obra maestra de Bioware, la nueva aportación de la compañía canadiense al terreno de la fantasía está irremediablemente llamada a convertirse en un clásico por méritos propios. A saber:

En primer lugar, porque el juego hace gala de un fenomenal gameplay, que permite a través de un cómodo y a la vez completo sistema de menús gestionar todas las necesidades del jugador sobre el grupo de héroes como inventario, equipo, habilidades, talentos, magia, comportamiento de los compañeros en los combates -por medio de un complejo sistema de reglas por prioridades-, uso de disciplinas como herboristería, venenos y un largo etcétera -el tipo de etcétera que hace maduro a un videojuego-. Un cuidado y elaborado diseño que potencia la inmersión y hace del juego una experiencia cercana, cómoda y emocionante. Algo así como leer un buen libro. O quizá mejor.

En segundo lugar, porque la profundidad de los personajes que encontraremos a lo largo del juego, amigos y enemigos, resulta incuestionable. La enorme cantidad de matices en sus personalidades los convierten en figuras muy cercanas, casi reales, a las que resulta fácil querer u odiar, lo que hace que sus caprichos, opiniones, sentimientos e ideas acaben teniendo un peso de vital importancia en nuestras decisiones. Y sus destinos, a nuestros ojos, poco de ficción.

Y en último lugar, porque la historia -en cuya sinopsis no voy a entrar siquiera, porque a las mejores historias es mejor aproximarse sin conocerlas- resulta tan épica, intensa y emocionante que sus casi 90 horas de juego contando la expansión saben a poco. Y es que si sus casi 70 horas de juego original suponen una larga, heroica y épica experiencia personal, las casi 20 horas de juego que añade El Despertar son mucho más que un mero sacacuartos: es un meritorio esfuerzo por parte del equipo de guionistas de Bioware por enriquecer un mundo y una historia ya de por sí increíblemente ricos. Un epílogo tan magistral como innecesario a un viaje por la fantasía heroica más madura y enriquecedora impresa en nuestras pantallas y grabada a fuego en nuestros corazones...

Para siempre.

3 comentarios:

Andresito dijo...

Lamento disentir tan diametralmente, pero habiendo jugado y amado a ambos Baldur's Gate y teniendo The Witcher todavía instalado en el ordenador, no puedo decir que Dragon Age sea un buen juego. Mucho menos un buen RPG.
La historia me parece la misma mediocridad de siempre, con un protagonista que es elegido por una fuerza superior para combatir un mal que amenaza con destruir el mundo.
Los personajes no creo que sean especialmente profundos, simplemente tienen un montón de diálogos en lo que, en mi opinión, es un intento de suplir calidad con cantidad.
Y el sistema de reglas yo diría que es desastroso. No voy a pedir algo al nivel de D&D3 (como podemos ver en el genial El Templo del Mal Elemental), pero es que lo de Dragon Age es un cachondeo...

Raúl Carrasco dijo...

¡Gracias por el comentario! Yo fui rolero tradicional y conozco un poco las reglas del AD&D, que eran muy completas, lo que imagino que ayudó a sacar un juego redondo en el caso del Baldur's Gate (al cual no he jugado). Las reglas del D&D3 personalmente no me gustan nada, lo cual no impidió que disfrutase como un enano con el KotoR (del cual puedes leer un artículo también aquí). Y respecto a la historia, es verdad que a grandes rasgos supone salvar el mundo, pero aún así me parece que está trabajada y detallada. Y el final es muy emotivo. Un juego redondo.

Pero, hey, es solo mi opinión. ;-)

Andresito dijo...

Gracias a ti por escribir de un tema que tanto me gusta como este.

PD: dale una oportunidad al Baldur's Gate si puedes. Si te gusta el "rol tradicional" no creo que te decepcione.