sábado, 24 de abril de 2010

La cultura del videojuego en Japón

Japón

En 2007 regresé a Japón. Regresé porque había estado allí 10 años antes con mis padres y mi hermano en un fantástico viaje que quería repetir. Que necesitaba repetir. Me encanta ese país: su cultura, su gente y sus costumbres despiertan mi más profunda admiración y respeto. El intenso contraste entre tradición casi medieval y modernidad desmesurada es, como poco, chocante. Y la exacerbada educación, cortesía, cuidado y paciencia que muestran los japoneses en cada uno de sus actos, incluido el ayudar al desorientado extranjero perdido por sus tierras, es sencillamente extraordinaria.

Así que, como comentaba, en 2007 realizaba, acompañado de mi hermano y mis amigos, mi segundo inolvidable viaje al País del Sol Naciente. Dejando de lado la maravillosa experiencia que supone caminar por los bulliciosos e iluminados barrios de Tokyo y disfrutar de su animada vida nocturna, experimentar la exquisita comida japonesa en sus múltiples variantes -porque Japón no es solo sushi, en contra de la creencia popular-, pasar la noche en una Ryokan de la maravillosa Nara, en donde los ciervos caminan sueltos por las calles, o pasear por la verde y boscosa zona de Hakone; quizá una de los recuerdos que conservo con mayor cariño es la visita a Akihabara, el tecnológico barrio de Tokyo.

Akihabara
Como probablemente mucho otaku ya sabrá, y probablemente más de un jugón, Akihabara es el distrito de Tokyo especializado en la venta de productos tecnológicos, de manga y de anime. En las paredes de sus edificios lucen orgullosos enormes carteles que publicitan los últimos juegos de Square Enix, Konami, Sony o Nintendo. Repetitivas y pegadizas melodías y escaparates a cada cual más colorista invitan a visitar las tiendas en busca de los últimos adelantos en mp3, televisores, electrodomésticos, películas, videojuegos, manga o merchandising variopinto. Guapas chicas en la calle disfrazadas de sirvientas o exhibiendo algún vestido sexy -las llamadas campaign-gals- reparten con una sonrisa pañuelos de papel o de panfletos que publicitan alguna cafetería, centro comercial o tienda cercana. Hasta divertidos personajes animados en enormes pantallas de televisión abandonan las series que protagonizan para animar al visitante casual a formar parte de la sociedad consumista en que se ha convertido Japón.

Y es que en una tierra donde el manga y el anime forman parte de la cultura y la vida cotidiana, no es raro ver a Doraemon anunciando una nueva tarjeta de crédito en el escaparate de algún banco. Del mismo modo que no es raro, en un país integrado con el mundo del videojuego y cuya economía se alimenta en gran parte de él, encontrar en el barrio de Akihabara edificios enteros dedicados única y exclusivamente a este fenómeno del ocio electrónico. Centros comerciales monotemáticos separados habitualmente no más de 50 metros unos de otros, de hasta 6 y 8 plantas accesibles por escalera y ascensor, y en donde cada planta está enfocada a una plataforma en particular: Nintendo DS, Wii, Xbox 360 o Playstation 3, dejando normalmente la planta de calle para promocionar las últimas novedades, y la última planta para el imprescindible merchandising como cartas coleccionables, guías oficiales, libros de ilustraciones, manga y anime, posters e incluso figuras de vinilo. En la mayoría de estos edificios existe también una planta sótano cuyo acceso viene precedido por el cartel de una hermosa chica, no necesariamente de carne y hueso, que avisa al despistado comprador que el umbral que está a punto de atravesar está reservado a clientes mayores de 18 años. Y es que la planta sótano suele estar dedicada a la venta de material adulto, donde se ofrecen las últimas novedades de corte hentai.

ShinjukuMás allá de los excesos propios del barrio de Akihabara, los videojuegos también se viven en otros rincones de la vida nipona, especialmente en la megaurbe que es Tokyo. El célebre barrio de Shinjuku, por ejemplo, muestra también enormes carteles en algunas de sus fachadas con los últimos lanzamientos de las grandes compañías. Muchas de las tiendas de videojuegos exponen televisores en sus escaparates donde se pueden ver los juegos en movimiento. Algunas, incluso, dejan varias consolas en la calle, delante de la entrada de la tienda, para despertar el interés del paseante casual que puede decidir probar el juego que se expone antes de comprarlo. Una costumbre nipona extensible a otros artículos como lectores de MP3 o móviles que está yendo cada vez más en desuso debido al aumento de la delincuencia que ha venido de la mano del turismo extranjero.

Lejos de quedarse recluido en los hogares, el ocio del videojuego se sigue disfrutando en Japón en los numerosos centros recreativos que se extienden por las ciudades de Japón. Ruidosos y luminosos, estos centros de ocio habitualmente poblados de jóvenes japoneses exponen numerosas máquinas para disfrute y desahogo del estudiante después de una dura jornada. Para entender la existencia de estos centros de ocio en contraposición con Occidente, donde han ido desapareciendo paulatinamente hasta convertirse en poco menos que rarezas, conviene informar al lector que Japón es un país con un nivel de exigencia enormemente alto. El error se castiga duramente dentro de la sociedad nipona -equivocarse es un deshonor vergonzoso-, por lo que la presión a la que se ve sometido el estudiante y trabajador japonés en su vida cotidiana es increíblemente desproporcionada a la occidental. Si entendemos este hecho, podemos comprender cómo los recreativos japoneses suponen una válvula de escape necesaria ante el elevado estrés provocado por un simple día de trabajo o de clase. Lugares donde descargar las frustraciones y la tensión a través de los videojuegos con objeto ser más eficiente y productivo al día siguiente. Paradójicamente, debido a la elevada dificultad de los juegos nipones en consonancia con la exigente mentalidad japonesa, la frontera que separa la diversión del desahogo en estos sitios se vuelve muy borrosa, hasta el punto de provocar en ocasiones que el japonés salga tan estresado o más que como entró.

campaign-gal

En cuanto a las consolas portátiles como Nintendo DS o PSP, éstas están también muy presentes en la vida cotidiana japonesa, especialmente en los desplazamientos en tren, metro o autobús. Un modo de amenizar el viaje al usuario que ha elegido este divertimento por encima de otros muy comunes y aceptados socialmente como el manga. En esto, quizá, el japonés no es tan distinto de nosotros.

Para terminar este artículo, me gustaría invitar al lector a una reflexión final: en medio de esta vorágine de diversión y consumo tan integrada en el país y en la cultura japonesa, cabe plantearse qué es lo que falla para tener uno de los índices de suicidio más elevados del mundo. Qué es lo que falla en una sociedad tan honesta, educada y paciente de la que nos queda tanto por aprender.

Quizá es que, en su afán de superación, el japonés olvidó aprender la lección más importante: a diferencia de lo que ocurre en los videojuegos, la vida no se acaba con el error. No se acaba con el Game Over.

13 comentarios:

Holdy dijo...

Excelente artículo sobre un lugar que tengo muchísimas ganas de conocer desde hace muchísimo tiempo.

Afortunados los que podéis contar esta experiencia.

Alejandro Cortés dijo...

Muy buen artículo, la verdad es que de Akihabara no oigo nada mas que maravillas, me comentaron hace poco que alli tienen una tienda llamada Mr. Potato o algo asi que tiene 3 pisos todos dedicados a lo que sería retrogaming, como siga leyendo cosas así el día menos pensado hago las maletas.

Pues referente a que es lo que debe de fallar para que hayan tantos suicidios... pues en mi humilde opinión (y aunque suene muy tópico) es el consumismo tan voraz que existe alli, tengamos en cuenta que la mentalidad japonesa no ha cambiado mucho en los últimos 200 años; solo se han sustituido imágenes de poder como podian ser los señores feudales por lo que son las empresas, sigue existiendo ese servilismo, en vez de rendir tributo a un señor se compran los productos para hacer que la economía crezca y crezca, pero en su caso es tan brutal que nunca estan contentos por mucho que consuman, no solo por que las posesiones materiales no nos hacen forzosamente más felices, si no por que siempre están con la idea de tener lo último, lo cual se puede notar en cualquier "zona verde", donde se puede ver que muchos tiran electrodomesticos casi nuevos solo por que han salido otros modelos; el solo hecho de que el mercado de segunda mano no esté bien visto ya es ciertamente significativo. Todo esto son factores de mucha tensión y llega un momento que la única salida aparentemente posible es la más drástica.

Un saludo y perdonad el tochocomment

Old School Generation. dijo...

Buen artículo!
La verdad es que bajo esa capa y apariencia de alegría y cortesía, se esconde una sociedad bastante estricta y rigurosa con sus individuos desde su más tierna juventud.
De hecho, hasta donde yo se, muchos de los suicidios se derivan de la pérdida de trabajo, al verse el afectado como una especie de parásito para la sociedad.
Es muy duro, pero como decía desde pequeños ya les inculcan esta corriente de pensamiento.
Respecto al barrio del manga y los videojuegos, que envidia me das!!
Yo recuerdo haber pasado varias tardes en la Red Light Zone de Amsterdam, aunque allí lo que se estilan son otros vicios - que nunca frecuenté -, y los placeres de la carne son el mayor reclamo.
Pero en mi condición de amante de los videojuegos y un poco friki supongo, he de decir que felizmente me cambiaba por ti para poder ver con mis ojos ese paraiso terrenal de los videojuegos.

Raúl Carrasco dijo...

@Todos: ¡Gracias por el elogio al artículo! Me alegro mucho que os haya gustado.
Respecto a lo de viajar allí, es cuestión de ahorrar algo de dinero y animarse. Desde luego, en mi humilde opinión, la experiencia lo merece sobremanera. ;-)

@Alejandro: Akihabara es una maravilla. Yo soy Akihabara-adicto. Probablemente, si viviera en Tokyo ese barrio sería mi perdición. :-P
¡Gracias por tu contribución a la reflexión final!

@O.S.G.: Lo cierto es que esa educación y exigencia tan estricta a los japoneses es su mayor lacra. ¡Tienen tanto de lo que sentirse orgullosos!

Adol3 dijo...

Señor Raúl....le odio... XDDDDDDDD

David dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
David Carrasco dijo...

No tengo sino que alabar tu fantástico artículo. No creo que pueda plasmar de una forma mejor las vivencias que pudimos disfrutar en todas esas ocasiones; y es que ya sabes que a ti te dejo la lírica y a mí me quedan los idiomas ;)

¡Un abrazo!

Raúl Carrasco dijo...

@Adol3: te entiendo. :-P
@Mi hermano: ¡Gracias! ^_^ La verdad es que nos lo pasamos genial. ¡Hay que volver allí!

kenzito dijo...

Estimado Raúl-san,

Un artículo digno de mención. Si nos ponemos a reflexionar por qué en Japón hay un elevado índice de suicidios... Mi opinión es que las relaciones interpersonales son desde un punto de vista personal, más frías entre los amigos y los familiares. Quizás, hasta la propia pareja donde la confianza es plena.

Nosotros en occidente sómos de otra manera, quizás por nuestro cáracter latino, donde las cosas se dicen tal y como se piensan, dónde la gente se abraza o se grita. En Japón, esto sucede pero no de la misma manera. Es lo que puedo decir desde mi perspectiva como hispanojaponés.

Tanta educación, tanta honestidad y humildad, envuelve a la sociedad japonesa en un círculo hermético que es díficil de romper y las personas acaban encerrándose tanto en su propia personalidad, que les resulta complejo contar un problema así como exteriorizar los problemas o mismamente los sentimientos.

Hay una parte de la población, comúnmente como Hikikomori. Muchos habrán oído hablar de esta palabra. Os dejo el enlace de wikipedia para los que no sepan que es. http://es.wikipedia.org/wiki/Hikikomori


Cuando estos sentimientos se son negativos, se sufre tanto que se llega a un nivel extremo de quitarse la vida. Uno cree que desapareciendo de este mundo, dejará de sufrir y que nadie le recordará. Desgraciadamente, esto ocurre a diario y lamentablemente, todos los intentos para que ello no ocurra, residen en vivir una vida de éxito y evitar el fracaso.

Hay gente que al perder su trabajo podría replantear su vida y tratar de reorientar lo que puede hacer, pero el deshonor les lleva a dejar sus casas y sus familias para vivir en las calles. Esto es increíble, no os recomiendo que vayáis al Parque Ueno o mirar detrás de cualquier rascacielo, porque entonces veréis un Tokyo que os resultará esperpéntico.

Efectivamente, esto es realmente increíble en un país donde la bondad de las personas rebosa por doquier, y como ya has hablado del estrés y la presión, creo que hay elementos idiosincráticos en cada sociedad que díficiles de cambiar.

Un saludo Raúl-san

tutyses dijo...

Felicidades Raúl!
Un gran artículo, se nota que recuerdas todo lo allí vivido como si acabases de volver :-)
Un saludo y gracias por compartirlo!

Raúl Carrasco dijo...

@Kenzo-san: Interentasímo y terrible a la vez eso me cuentas. No conocía esa situación ni ese término. Gracias por la información, Kenzo-san. ¡Un abrazo!

@tutyses: ¡Gracias a ti por leerlo y por el comentario! :-)

BLAZE dijo...

Yo percibo que en Japón existe un sentido del honor muy extraño, pues difícilmente se pueden perdonar el fallar o el perder, además de que deben mantener una imagen allá afuera, que les trae mucha presión. Son cosas nada fáciles de llevar.

Pero la cultura japonesa es admirable por muchas cosas. Quisiera vivir allá un tiempo.

Raúl Carrasco dijo...

@Blaze: Tengo entendido que vivir allí es complicado. Por un lado está el tremendo choque cultural que hace para un occidental que el meter la pata sea bastante fácil (incluso conociendo sus costumbres). Por otro lado, los japoneses son muy herméticos y no les suele gustar relacionarse con extranjeros. Al menos, no de buenas a primeras. Tienden a mirarlos con recelo y a marcar las distancias. Al menos, eso me contó una persona que he conocido que ha vivido allí.

En cualquier caso, seguro que la experiencia es inolvidable y enriquecedora. ;-)