jueves, 20 de mayo de 2010

Bioshock 2 o el timo de la estampita


 
No sé si hay algún lector del blog que a día de hoy no sepa en qué consiste el timo de la estampita. Por si es el caso, lo explicaré brevemente y el que ya lo conozca puede pasar directamente al segundo párrafo: el timo de la estampita es una vieja estafa consistente en que una persona, que se hace pasar por tonto o retrasado mental, aborda a una segunda para engañarla enseñándole un billete y fingiendo tener un sobre lleno de ellos a los que no confiere ninguna importancia porque, como si fueran cromos, los tiene repetidos. Cuando la segunda persona, queriéndose aprovechar de la debilidad de la primera, le cambia un billete de mayor valor por el sobre, acaba descubriendo que éste está lleno de papeles y recortes de periódico sin valor. Para entonces, obviamente, el estafador ya ha huido lejos con el dinero.

Jugando a Bioshock 2 me he sentido un poco como ese segundo tipo después de abrir el sobre.

Tras la fantástica experiencia que supuso en la primera entrega el deambular por Rapture en un planteamiento honesto de su ambientación -y ahora aclararé por qué saco a colación lo de "honesto"-  y una jugabilidad muy adictiva, uno espera que la segunda parte se desarrolle, al menos, en términos similares.

Como en toda rentable franquicia, la desarrolladora es la primera que desea satisfacer a los agradecidos y fieles usuarios que disfrutaron de la anterior entrega ofreciendo un nuevo producto de similar contenido. Al fin y al cabo, ¿por qué cambiar lo que ya funciona? Así que, con ánimo de generar expectación pues Bioshock había puesto el listón muy alto, 2K Games prometió un regreso a lo grande a la decadente Rapture ofreciendo esta vez adoptar el papel de un poderoso y temido Big Daddy; seres embutidos en gigantescos trajes metálicos encargados de proteger a las pequeñas y siniestras Little Sisters.

Que nadie se despiste hasta ahora. 2K Games es el primer tipo que, haciéndose el tonto, me ha enseñado el billete y el sobre.

Ante tal planteamiento, uno no puede menos que imaginarse  como un tanque humano al estilo Juggernaut -referencia dedicada a quien, como yo, guste leer cómics de Marvel- que aplasta a los débiles Splithers de tres en tres con su taladradora mientras los golpes y las balas de éstos le rebotan sin apenas herirlo. Puedo imaginar tal escena después de sufrir en mis propias carnes, en la anterior entrega, lo que suponía desafiar a uno de ellos. Es más, tengo derecho a imaginar tal escena. Al fin y al cabo, es la imagen que nos han vendido en los vídeos promocionales del juego.

Así que, convencido, entrego mi billete grande por valor de 70 euros a aquel tipo y me llevo a casa el sobre lleno de recortes de periódico.

Y ni tanque humano, ni Big Daddy, ni hostias en vinagre -y perdonadme la expresión-. Alguna cabeza pensante de 2K Games debió pensar que el juego sería más divertido si el personaje era relativamente fácil de abatir, haciendo así que siguiera suponiendo un reto para el jugador. Pero eso no es todo. Después a nadie pensó que era necesario justificar tal planteamiento en el gameplay con una excusa coherente en el argumento -y a esto me refería antes con lo de "honesto"- que explicase por qué ese tipo enorme que tengo delante aguanta una lluvia de balas, varias explosiones y unas cuantas trampas mortales y yo, que se supone que soy como él, muero a las primeras de cambio en las mismas condiciones.

¡Mi dinero! ¡Al ladrón!

2 comentarios:

Alejandro Cortés dijo...

Yo ya el primer Bioshock me costó digerirlo, en gran parte por que me lo vendieron como la continuación espiritual del System Shock 2 y me hice demasiadas ilusiones, aunque he de reconocer que es un gran juego.

Referente al 2, no lo he jugado, pero lo poco que he visto me ha parecido como que más de lo mismo, y por lo que veo se cumplen mis sospechas.

Un saludo.

Raúl Carrasco dijo...

Bioshock es una joya. Con Bioshock 2 me siento estafado, no porque el juego sea malo sino por lo que comento en el post.

¡Gracias por el comentario, Alejandro!